Reika Hayashi

Nombre: Reika Hayashi
Raza: Shinigami - Facción: Gotei 13
UR: 1271
Sexo: F
Atributo Puntos
Energía63
Concentración83
Fuerza124
Destreza125
Velocidad125
Dureza63
Habilidades Raciales:
Zanpakuto
Nombre: 正義 (Masayoshi - Rectitud)
Si tuviera que describir alguna peculiaridad del arma de la comandante shinigami, es sin duda la longitud. Es bastante más larga que una katana media, llegando incluso a ser un estorbo cuando se gira o mueve, pero ella lo hace con calma y nunca da un paso en falso. Es del tipo de espadas usadas en los estilos de desenfundes lentos y movimientos amplios. Su funda es de color negra, gravada con cadenas de plata entrelazadas , cruzando la espada desde la punta hasta la guarda. La guarda posee la forma de dos medias lunas crecientes unidas por su eje, del mismo tono plateado. El mango sin embargo, pese a ser negro, incluye los mismos detalles plateados que el resto del arma, con incrustaciones de ese metal.

La espada en si esta hecho de un acero un tanto extraño, causando la desconfianza de todo aquel que lo ve antes de que su Shikai aparezca. Es un acero más blanco de lo normal, casi pálido y brillante que refleja como si fuera un espejo. Lejos de eso es afilada, fina, no demasiado gruesa y pesa bastante poco, aunque es increíblemente resistente, parece una espada hecha para doblegarse y moldearse al placer de su ama.

Shikai
Bankai
Descripción Física
Quizás es habitual en mucha gente, un cabello negro como la noche, lacio hasta los muslos como si fuera una marea de ébano. Sin embargo en ella tiene un toque distinto, quizás por el flequillo recto ligeramente abierto. Los mechones que enmarcan su rostro o el contraste con una piel blanca como la porcelana. El caso es que aporta a sus fracciones algo de oscuridad y elegancia, a diferencia de aquel par de ojos tan vivos. Sus ojos son rojos, vibrantes y profundos, como la sangre sobre la nieve, en un contraste harmonioso con el resto de sus facciones.

Su rostro es afilado, los pómulos altos y la mandíbula fina, como si recordara a los rasgos de una antigua realeza asiática. No es demasiado alta, mide el metro sesenta y cinco, pero tiene el cuello fino y una postura recta que hace parecer que lo es más. Brazos finos pero llenos de determinación, manos femeninas y delicadas. Tiene el aspecto físico de alguien que ha nacido para ser servido y consentido, sin embargo su cuerpo esconde tantas cosas como su personalidad. Es de físico balanceado, cintura estrecha, caderas algo más anchas y el pecho notorio, pero sin excesos. Tiene una figura proporcional, aunque en esto si dista de la típica figura asiática.

Viste siempre de blanco y negro, quizás porque le gusta, o tal vez porque sabe el contraste que hace con su apariencia. Normalmente viste ropas japonesas, finos kimonos con arreglos en tonos dorados y rojos. Sin embargo su uniforme de combate y para los casos reales como Capitana Comandante dista del mismo. Un abrigo largo, un pañuelo y unos pantalones cortos. Quizás es lo que hace para ella una separación de cuando se encuentra en su modo trabajo a cuando tiene algo de tiempo libre.

No tiene cicatrices o marcas en su cuerpo de su vida humana, tampoco de su vida como Shinigami, algo que siempre ha sorprendido a la gente. Sin embargo una de las cosas que esconde, y que solo sus allegados conoce se encuentra en su espalda. La jefa de la SS esconde en la misma un inmenso árbol de sakura que va desde la parte baja de su espalda hasta sus hombros, envolviéndola con sus raíces y pétalos. En una esquina del mismo, en kanji, se encuentra el lema del bushido que ella sigue. “Hazle a los demás, lo que ellos quieran hacerte a ti”
Descripción Psicológica
Es una mujer complicada de describir, quizás porque esconde demasiadas cosas, tal vez porque tiene una imagen demasiado tranquila. Es de naturaleza serena, de esas personas que parecen irradiar calma por donde caminan, es el vivo retrato de una flor japonesa. Delicada y frágil de aspecto, pero creciendo ante cualquier adversidad con espinas de acero. Nuestra capitana comandante tiene el don de una paciencia absoluta, sin embargo no tiento a nadie a jugar con los límites de la misma.

Es una dama de misterios, secretos y susurros, complicada de entender y que mucha gente no se esfuerza en comprender por su complejidad. Siempre con una sonrisa calmada o una expresión neutra, aunque a su vez, sus ojos muestran demasiado. Le gusta molestar a sus capitanes y cercanos, no de una forma amplia o evidente, pero si hacerles sentir incomodos. Es alguien que disfruta de las pequeñas cosas de la vida, porque ha comprendido el valor de la misma tras perderlas todas.

Para seros sinceros, fuera de su serenidad, es una mujer que tiende a sorprender a los demás, no solo por lo que esconde, si no por lo que hace. Dirige con mano de hierro, es estricta en algunas cosas, pero trata a todos y cada uno de los Shinigamis de forma justa y con respeto, independientemente de su cargo. Raramente la veréis enfadada, pero de verse es aconsejable alejarse de ella y esperar a que pase la tormenta. Tiene un temperamento fuerte, una capacidad explosiva y una mente retorcida que la ha llevado hasta donde está. Es una estratega nata, con una capacidad de razonamiento increíble, le gusta tener todo bajo control y así dominar cada instante.

El problema es cuando las cosas se escapan a su control, aparte de enfadarse y aplicar un correctivo para que todo vuelva a su cauce, se estresa. Es propensa a tener dolores de cabeza cuando pasa algo malo y su adicción a los donuts tiende a calmarla, pero no hace milagros. Nunca ha sido una persona enfocada en el romance, lo ha mantenido convenientemente alejado de su vida durante milenos. Aunque esto genera sensaciones diversas, trata a todos por igual, pero tiende a tener gestos o tratos más cercanos con las personas de su entorno más próximo. ¿Ha estado enamorada alguna vez? ¿Qué ha hecho con ese sentimiento rompe esquemas alguien tan estructurado? Esas y cientos de preguntas más, invito a que las descubráis preguntándole.
Historia
Hace dos mil años, Japón no era lo que es actualmente, si no que era una isla en dominio de otros, sin libertad ni derechos. Reika Hiyashi vivía allí siendo la única hija de lo que era por entonces conocido como un general. No era un general cualquiera, había sido un hombre de logros, palabras y honor, un guerrero. Algunos lo habían visto como una desgracia, otros como una fortuna, una hija no era siempre lo mejor en aquella época. Sin embargo quizás fue por su belleza, o por la agudeza de su mente, fue tenida en cuenta como una moneda de cambio o una forma de llegar al general. Sin embargo Reika tenía otros planes para ella misma, alejados de los que la gente pudiera pensar.

Fue criada como una dama, pero por su cuenta vivía como un guerrero. Aprendió a blandir una espada a la misma edad en la que aprendió a servir el té. Sus maestros se preocupaban, sus damas de compañía se escandalizaban, era alguien con la misma mirada que el fiero general que era su padre, sin embargo, era mujer. En su familia nunca nació un hombre, quizás por una maldición, o tal vez porque el dios del Bushido había considerado a Reika la única descendiente que necesitaba para continuar con aquella guerra. Sin embargo nada de eso importó alguna vez a su padre o madre, no era como si alguna vez fuera a poner algo de aquello en práctica.

Sobre los quince años empezaron a buscar formas de casarla, ella se negó a todas y cada una de las proposiciones de forma calmada.- Nunca me casare con un hombre que sea más débil que yo blandiendo una espada.- Y su padre sabía que aquello era cierto, podría poner en ridículo al que fuera si se demostraba que su mujer era mejor que él blandiendo una espada. El caso fue que lentamente ella misma se alejó de todo aquello, de las proposiciones, del amor y de los hombres, de los sentimientos innecesarios. Su padre se hacía viejo y la guerra se acercaba, no tenía tiempo que perder en tonterías como aquellas.

Le rompió el corazón a su madre, le hizo daño en el momento en el que le dijo que ella no había nacido para servir el té o arreglar flores mientras el resto moría en el frente. Le rompió el alma a su padre el día en que le desobedeció y se fue de casa. No era como si pudieran pararla o encadenarla, ella misma había elegido una forma de vivir que consideraba más digna que cualquiera que le fuera impuesta por ellos. Al alba desapareció de aquellas tierras con un puñado de dinero, mudas y una katana y no le importó nada más.

¿Por qué era así? ¿Por qué se había alejado de una familia que la amaba y de una vida placentera? Porque era consciente de la hipocresía de su gente, del dolor en su mirada, si hubiera sido hombre nada de aquello hubiera pasado. Un día tomó una resolución, en el silencio de la noche, bajo la luna llena, llevó su espada a su cuello y nada volvió a ser como antes. Trozos de cabello oscuro cayeron y se perdieron en el agua y ella miró su reflejo de forma impasible, se convertiría en todo lo que ellos querían ver.

Se alistó al frente de batalla a los pocos días, con el cabello corto y una armadura que tapaba todo lo que podía de su cuerpo. La siguieron menospreciando por su altura, falta de músculos, postura…pero hizo lo que mejor se le daba. Destrozo a todos y cada uno de los hombres que intentaron ponerla en ridículo, los doblego bajo su espada y los colocó de rodillas. El porte de un general, de un emperador…de alguien destinado a tener bajo su pie a todos. No negaremos que llamó la atención, el general de aquella sección, un joven de buena familia decidió hacerlo su amigo, su compañero, nunca había visto alguien tan diestro.

Reika mantuvo la distancia por el bien de su secreto, pero era una sensación cómoda y extraña a la vez, amigos, alguien que la comprendía. El general descubrió su secreto una noche de luna llena en el que la vio salir de un lago, entonces comprendió muchas cosas. El misterio que envolvía a su amigo, los sentimientos extraños…pero también se dio cuenta, de que aunque él llegara algún día a amarla como mujer, ella sería incapaz de sentir nada.- Es una lástima, seguro que tenía que quedarte bien el cabello largo.- Dijo el hombre con algo de burla.

Reika era la viva existencia del bushido, del honor y del camino del guerrero, de la carencia de sentimientos innecesarios, había sido criada para dominar sus emociones y ella había ido un paso más allá, las había aplastado bajo su yugo. El día de la verdadera batalla cambiaron muchas cosas, murió mucha gente, hubo choques y destrucción y ella se abría paso sin temblar. Acabó por caer su general, y sin saber porque su alma se rompió en pedazos, lloró en silencio en el campo de batalla, siguió adelante, al final de la línea de batalla, dirigiendo la avanzada…su padre.

No había forma de que no la reconociera, de que no viera a su hija bajo aquella armadura y aquella capa de sangre y sudor. Tembló al verla, no sabía que era, si un demonio o un ángel impartiendo justicia, abriendo camino hasta llegar hasta él. Se miraron, ambos habían comprendido el error del otro, pero era demasiado tarde como para hacer algo para arreglarlo.- Es una lástima que cortaras tu cabello…era lo único que te hacía parecida a tu madre, y no a mi.- Pues incluso él reconocía su sed de sangre en la mirada.

Su padre acabo por caer en una guerra que desde un comienzo estaba perdida, Reika se mantuvo en pie hasta el último momento, con dos katanas, una de su padre y otra de la única persona que la había hecho sentir algo. Murió de pie, llena de flechas y espadazos, llena de cortes y puñaladas, pero nunca dejo que su alma y su espíritu, se doblegaran.
Reika vivió durante años a las afueras del Rukongai, dejando su cabello crecer y viviendo una vida tranquila, decidió romper la calma por su honor de guerrero. Paso por la academia Shinigami sin pena ni gloria, no tenía una energía excepcional, ni una manipulación de la misma extraordinaria. Fue variando de escuadrones, nunca le encontraron uno en el que encajara realmente, era una sombra alguien demasiado calmada. La cosa cambió el día en que alguien rompió su serenidad.

-Levántate…¿No eres un guerrero?- El teniente de la onceava había tentado su suerte, había hecho un comentario no demasiado adecuado. Una fuerza física abrumadora, una velocidad insana, una precisión milimétrica…¿Para que necesitaba alguien así un gran reiatsu? La nombraron capitana del once al cabo de los años, tras haber tomado el puesto de aquel teniente. Llegó capitana comandante por su entereza y su dominio de los recursos del SS, un monstruo con demasiada cabeza.

Su reinado fue algo que nadie se esperó o con lo que nadie contaba y ella con una leve sonrisa, entendió las palabras de su general.- Tú no tienes el porte de un general o de un emperador, tienes el porte de una Comandante…puede que no estuvieras tan equivocado general, nada mal.- Y con calma y tranquilidad, la dama volvió a su despacho, tenía donuts que comer y papeles que rellenar.